Destacadas Investigaciones Locales

La tragedia evitable y los mecanismos a favor de la impunidad

29 de Abril de 2017

«La inundación de Santa Fe en 2003 fue un suceso meteorológico ocurrido entre el 29 de abril y el 3 de mayo de ese año que afectó a la ciudad y las localidades aledañas»

De esta forma encontramos definida, en la enciclopedia libre mas conocida del mundo, a una de las peores tragedias evitables sufridas por la República Argentina. Con todos los datos arriba de la mesa que demuestran la negligencia política e institucional  de ese momento, no podemos dejar pasar, ni una sola vez más, el justificativo «suceso meteorológico». Las obras de las defensas estaban inconclusas, y ese error provocó la tragedia. El río Salado logró entrar por una brecha del terraplén, a la altura de calle Gorostiaga, donde se ubica el Hipódromo santafesino. El puente de la autopista Santa Fe – Rosario, ubicado sobre el Río Salado, tenía muy poca luz y cumplió la función de «embalse» aumentando el nivel del río «aguas arriba». Los terraplenes, que debían servir de defensa, ayudaron a que el agua se embalsara sobre la ciudad y no la dejaba escurrir. Un cóctel explosivo bañado de negligencia con responsables políticos a la cabeza.

Durante cinco días, las lluvias en Santa Fe se concentraron en el cauce bajo del río Salado y se acumularon mas de 1400 milímetros. En Villa Minetti, donde el Salado entra en Santa Fe desde Santiago del Estero, habían caído 750 milímetros entre noviembre de 2002 y enero de 2003: Ésto equivale a la lluvia de todo un año.  El 10 de marzo el río entró por primera vez a la Ciudad de Santa Fe a través de un paso de 15 metros entre el final de la defensa oeste y el Hipódromo. Vialidad Provincial construyó una pequeña defensa para desviar el agua. De esta forma un organismo del Estado tenía conocimiento de cuales eran las condiciones de la defensa oeste santafesina. El tramo III estaba planificado, pero nunca se hizo. Iba hasta calle Estado de Israel, al norte del Hipódromo, donde la cota natural impedía el ingreso del río. El tramo II terminaba en una pared, a 15 metros del Hipódromo. En el proyecto se aclaraba que, en caso de emergencia, era necesario hacer un cierre provisorio desde el fin del tramo II hasta Blas Parera. Nunca se hizo, pese a los avisos de la prensa y al ingreso de agua el 10 de marzo.

El Martes 29 de abril de 2003, el río Salado logró entrar por la brecha del terraplén, a la altura de calle Gorostiaga, donde se ubica el Hipódromo. Las obras de las defensas estaban inconclusas, y ese error provocó la tragedia. El rió fue avanzando desde el centro oeste hacia el sur de la capital provincial, buscando los sectores mas bajos de la ciudad (justamente los mas pobres). De a poco comenzaban a desfilar los dirigentes políticos por los medios de comunicación. Sus palabras iban en contra de la corriente (vale el significado de la metáfora utilizada) en relación a lo que sucedía en las calles. El cerramiento de la brecha sobre el terraplén era imposible, en contraposición cada vez era mas grande. El Salado comenzaba a arrasar todos los barrios del cordón oeste, el renovado Hospital de Niños llegaba a tener mas de dos metros de agua en su interior. La trampa mortal siguió, en contra de las promesas políticas expresadas en los medios de comunicación. En el sur de la ciudad, el barrio Centenario quedó bajo cuatro metros de agua. La fuerza del rió retorcía los hierros del portón de ingreso del Club Atlético Colon. En contra de cualquier pronóstico. el agua crecía de Sur a Norte, arrinconada por la avenida Mar Argentino. De esta forma el Río Salado llegaba hasta el Parque del Sur, a escasos metros del puerto santafesino, en pleno casco histórico de la capital provincial.

Bajo una ciudad militarizada, con miles de «desencontrados», centros de evacuados, muertos en las calles, se produce la voladura de la Avenida Mar Argentino, lo que posibilitó el escurrimiento de las aguas. La desidia dio lugar a la catástrofe, y los responsables siguen entre nosotros. El mas importante, fue gobernador y se disfraza de senador según le convenga la ocasión. Del Frente para la Victoria, del Frente Renovador o del PRO. Todas las camisetas le quedan bien al ex corredor de Formula 1. Los mecanismos judiciales a favor de la impunidad legitiman el recorrido.

Al que no le avisaron, no sabe y nunca se enteró

Dos veces en catorce años el ex gobernador Carlos Alberto Reutemann ofreció declaraciones testimoniales en el proceso abierto por la inundación de 2003. A un año de la tragedia previsible, cuando la causa aún no tenía imputados firmes, el ex gobernador respondió por escrito las preguntas del primer juez de la causa, Diego de la Torre. Durante el año 2013, el ex titular del Ejecutivo provincial, se amparó en sus benditos fueros de senador nacional y una vez mas remitió sus respuestas en un escrito. Según indica un trabajo realizado por la periodista Milagros Argenti en Noviembre de 2013, el 58% de las líneas que forman parte de la declaración son una copia literal de las respuestas de 2004, o bien hacen alusión a ellas. En ese 58% de reiteraciones, Reutemann abona otra vez su teoría sobre la falta de advertencias respecto de la magnitud que tendría la catástrofe: se victimiza y le apunta a los organismos competentes.

Una de las citas mas idénticas a las respuestas que realiza en el 2004 es la siguiente “En ningún momento durante mi último mandato como gobernador de la provincia de Santa Fe fui informado por miembros de mi gabinete, ni de las autoridades municipales o comunales de las localidades afectadas, ni tampoco de la Nación a través de sus autoridades específicas como ser el Instituto Nacional del Agua, ni por dependencias universitarias con conocimientos superiores en la presente temática, ni verbalmente ni por escrito, en relación al comportamiento del Río Salado, tanto atinente a su altura, como a la velocidad de sus aguas”. De esa forma desliga responsabilidades y reafirma su testimonio mas reconocido: el famoso «a mi nadie me aviso».

Reutemann tenía a su disposición una ley provincial de Defensa Civil, donde obliga al Poder Ejecutivo a “disponer la realización de estudios e investigaciones relativos a las zonas susceptibles de ser afectadas por desastres naturales”. La ley provincial lleva el numero 8.094, y en su articulo 4, inciso j explica lo antes citado. En los incisos b y f la ley explica que “el Poder Ejecutivo es responsable de establecer planes y programas de defensa civil”, y de “efectuar las previsiones para la evacuación de la población en caso de desastre”. Por otra parte en el articulo 3 de la misma ley, se establece que “el gobernador de la provincia tendrá a su cargo la planificación, organización, control y dirección de la defensa civil, y eventualmente, la conducción de las operaciones de emergencia dentro del ámbito provincial”.

Ante ésto el ex gobernador indicó que todo lo relacionado con previsiones para una eventual evacuación eran competencia exclusiva y excluyente de la Municipalidad. Reutemann interpreta que las obligaciones en torno a la emergencia recaen por completo en los mandatarios locales. Esta interpretación es llamativa, ya que la norma indica que los intendentes deben cumplir las directivas e instrucciones que el gobernador imparta. Instrucciones y directivas, que como muestran los resultados del 2003, nunca fueron impartidas por el titular del Ejecutivo provincial.

Las pruebas son mas que elocuentes. La inconclusa obra de defensas en el cordón oeste de la ciudad terminaron siendo una trágica trampa para casi el 30% de los santafesinos. En su momento Reutemann «negoció» una tregua con los medios de comunicación y con el resto de los actores políticos locales. Desde entonces, ninguna fuerza partidaria de la provincia movió un solo dedo en búsqueda de algún tipo de sanción judicial. El mayor responsable de esta catástrofe ya tiene nombre, apellido y hace catorce años que utiliza sus maniobras políticas para esquivar sus responsabilidades. Carlos Alberto Reutemann, quien se acomodó bajo el ala de todos los partidos políticos existentes en las ultimas dos décadas, se pasea entre nosotros y utiliza sus fueros como senador para resguardarse. La justicia demostró no estar a la altura de las circunstancias y la memoria  de una comunidad que resurgió de sus propias ruinas, es el único mecanismo de defensa ante tanta impunidad sostenida.

A continuación se expone una recopilación de imágenes obtenidas por el fotógrafo santafesino José Almeida y por trabajadores de la agencia de noticias Telam

Fiebre Creativa

Acerca del autor

Bajada Libre

Comentar

Click aquí para dejar un comentario